Excerpt for Una Temporada en el Deseo by Eduardo Acevedo, available in its entirety at Smashwords

Una Temporada en el Deseo


por


Eduardo Acevedo



Smashwords Edition



Copyright © 2007 Eduardo Acevedo

All rights reserved.

****


Contenido

Juntos

No es sólo tu cuerpo

Primer toque

Tomando un café

Idéntico resultado

Sin rumbo

Elegida

Mirando al sur

Perseverancia

Meteorito

Coleccionistas

Nada

Tendré que olvidarte

Hacia alfa centauro

Te vas

Un deseo

Exploraciones

Lealtad

Una cadena

Andás cerca

De otro planeta

Los enamorados

Lejos

Nada mal

Género

Los amantes

Equivalencias

La bella y la bestia

Introducción al amor

Fuegos sagrados

Clic

En dirección a Casiopea

Decidido

De a poco

Estación de trenes

Cosas

Lo que no me das

Belleza

Cuando estés triste

Parlez-vous...?

Esta noche

Hoja seca

Bella tristeza

Juan

Intuiciones

Frente al mar

Noches de luna llena

Clemente

¿Cuánto?

Te quedo debiendo

Juntos


Si te viera por la calle

del brazo con otro,

pensaría que soy yo.

Si además lo miraras

con la sonrisa del despertar,

cuando los ojos se te deciden

por el verde transparente,

el reflejo de tus pupilas

deberían ser las mías.


Miradas divertidas, apasionadas,

casuales,

son tan bellas y vivaces

como todo lo tuyo.

Cuando las entregás al mundo

soy un observador correspondido.

Pero a tus ojos enamorados

si los viera rondando por ahí,

sabría que brillan en dirección mía.


Tanto tiempo viajando juntos

ha vigorizado

la autonomía de nuestros contornos.

No nos conocemos de memoria;

nos sabemos de memoria

en el vértice que vale la pena.

Por eso tus sorpresas

no me lastiman.


Nuestro amor es tan largo

que no necesitamos

impresionarnos el uno al otro.


Y nos impresionamos nomás,

de tanto en tanto;

de puro gusto.


Juntos por la vida

como un par de zapatos,

yo con tu sombra

y la mía siguiéndote los pasos.

Juntos y revueltos en el deseo,

en los sobreentendidos,

en las complementariedades,

en los gustos aprendidos.


Si te ven por la calle

del brazo con alguien,

debo ser yo.

No es sólo tu cuerpo


Incontables veces

he recorrido tu cuerpo.

A ojos cerrados identifico

cada valle y ondulación,

cada palmo de tu piel.

Como un estratega militar,

tengo un mapa de tus zonas de cosquillas.

De tus zonas que según cómo las explore

se vuelven cosquillosas

y debo tener cuidado.

Tu mapa térmico es también un arte

conocido y dominado.

Como a un saxofón

he aprendido a temperarte,

a conocer el calor que necesitas.

Tus olores y humedades

son señales tan primitivas

que leo bien un lenguaje desconocido.

La partitura mejor memorizada

son tus puntos de quiebre,

del abandono,

cuando te dejás ir.


El ritmo,

el tempo es fundamental.

Por eso consulto tus energías,

tu tono alborotado o romántico,

la hora del día,

la posición de los astros,

el flujo de la marea

y hasta el vuelo de un mosquito

queriendo sacar provecho.


Incontables veces

he recorrido tu cuerpo.

Los anuncios, los indicios, las señales

tienen tantas variaciones

como las aperturas en ajedrez.

Y nunca resulta igual.

Los lineamientos generales,

los juegos de posición

son más o menos limitados y conocidos.


Sin embargo nunca resulta igual.

Trato de reconocer

entre las sábanas

el factor,

la sustancia,

el elemento,

la vibración,

la fuente sin agotarse,

el material sin fatiga,

el viento soplando entre los dedos.


Incontables veces

he recorrido tu cuerpo

y no logro aburrirme.

Es como un milagro,

una gracia dada y bendita,

un don recibido y aceptado,

un regalo nuevo y renovado que me das.

Primer toque


Azules zafirinos,

azules de cascada son sus ojos.

Recuerdo su figura delicada

con andar resuelto,

sus cabellos rubios dejando

una estela luminosa de foto sobre expuesta.


Todo eso fue después.

Reconocerla y detallarla

fue una consecuencia

y no el comienzo del asombro,

del contacto inexpresable,

del primer toque colmado de dones.


¿Tan seguro del intercambio?

Convicción sin asomo de duda,

certeza;

como reconocer

un esquimal en Tánger.


Estaba sentándome

para escuchar la conferencia

cuando apareció por el corredor central

extendiéndome la mano

y desaprobando mi posición con la cabeza.

Titubeante tomé la suya,

yéndonos así hasta la primera fila.

Como si nos hubiéramos tomado

las manos toda la vida,

como si conociéramos de otras épocas

esa humedad y tersura,

esa presión y ajuste,

esa concavidad perfecta con su curvatura,

ese ritmo acoplando los latidos,

ese deslizar de dedos en la despedida.


Luego en el evento social

se dieron cercanías

en los grupos que se arman y desarman

entre saludos y despedidas.


Habiendo asimilado

la energía de su toque,

me pareció que un ángel

paseaba por el salón.

Tomando un café


Mi mirada indolente

encuentra la medida de su desinterés

en unos ojos vagamente reconocidos,

acostumbrados a otros rostros.


Distrayendo la conversación

hago leves cambios en la postura,

intentando repetir con sigilo ceremonial

lo adivinado

a un par de mesas de distancia.


No hay persistencia ni audacia.

Sólo borrosamente manifiesto

la tenue separación con lo casual.

Parecido al deseo

desperezándose en la curiosidad.


Pequeños juegos de identificaciones

escudriñando coincidencias

y disponibilidades

para alcanzar lo desconocido,

lo que todavía no tiene nombre.

Idéntico resultado


Muchacha angelical

me vienes a buscar

sin saber bien

lo que quieres.


Ten cuidado,

porque la próxima vez

ilustraré la naturaleza de tu deseo

y cómo provoca el mío.

Quizá termine espantándote.


Salvo que me sorprendas

y sea yo el espantado.

Sin rumbo


Tus pasos van por un sendero

sin prisa de hallarme.

Distraídos,

no les despierto la atención.

Similar a los míos,

no tienen expectativas

ni nada perturbador para disimular.


No ha llegado el tiempo aún

para que cambies

la temperatura de mi mundo.

O que algo comience a doler.


Lo único perturbador

es desconocer cómo surgiste.

Tanta anticipación de la felicidad

se me hace sospechosa.

Elegida


Eres la elegida

para que mis sueños te sigan

y la alegría funde un nuevo suelo

con tu nombre.

No lo sabes aún,

pero las miradas se deciden

por la complicidad.


Todavía no reconozco

tu figura de improviso

o tus gestos

inconfundibles.

Pero te he elegido

para que decidas hacer conmigo

lo que quieras.


No tienes idea del reluciente poder,

ni yo por qué te lo doy.

Todavía no te preguntas

por mi ausencia

y ya aposté los dados

a tu suerte.


Mis jugos gástricos descansarán

y los que me quieren

agradecerán el cambio de estación,

la buena racha en el trabajo,

o esa fruta nueva que me hace tanto bien.


Con la sonoridad

desacostumbrada de tu nombre

sonrío sin motivo

una vez más.

Mirando al sur


Mi sonrisa franca

atravesó la conversación

como una jirafa en plena calle.

Lejos de molestarme

la mirada curiosa de los demás,

disfruté tu intromisión en mi cabeza.

Mi sonrisa llena de sonidos y aromas,

es una cascada de malos pensamientos

recorriéndote el escote,

para luego subir con tibieza

hasta rozarte el cuello

y atrapar tu fragancia esquiva.


Hacía tiempo no tenía

un leve quiebre en el tono de voz,

un suave jadeo a destiempo

en las charlas diarias.

Pero en frente

están tus ojos atentos.

Yo busco una asimetría,

una imperfección,

un defecto,

un pequeño bizco tranquilizador.

Pero tu bizco

o tu ojo izquierdo más cerrado,

resulta fatalmente

atractivo y perturbador.


También estoy manejando más rápido;

tomando riesgos innecesarios y estúpidos.

Y me encanta.


Mis amores y lealtades

se fueron de vacaciones.

No reniego de ellos,

no los hago a un lado,

no los olvido.

Pero estoy en estado de gracia

atado a tu nombre

como un comodín a la baraja

y como una llave maestra

a las cerraduras.


Tus amores en cambio,

te hacen pensar más de la cuenta.

Y te encadenan las anticipaciones,

las consecuencias.

Toda tu frescura y espontaneidad

no logran disimular

la flojera para hacerle caso al corazón.


Soy un hombre del sur,

del sur de este continente,

de esta tierra,

de esta galaxia.

Visceralmente del sur.

Obstinadamente del sur en este espacio

de direcciones arbitrarias.

Y a ratos me pregunto qué hago

en este cálido trópico.

Y también a ratos me pregunto

qué carajos hago en este mundo.


Tal vez te suene exagerado.

Tal vez te suene conmovedoramente

desmesurado.

Pero creo haber venido a conocerte

y alborotar tu existencia.


En una tarde lluviosa como ésta,

me asaltan presagios de náufrago,

de pérdidas y lejanías.

Por eso tengo el firme propósito

de comprarte una brújula

para que me podás encontrar.

Para que apuntando la aguja al norte

me busqués por el sur.

Por el camino del corazón.

Perseverancia


Los ojos bien cerrados

a tus defectos accesorios

porque a los importantes

tampoco los vería.

Cercando el horizonte de mis latidos

a los ecos que refleja tu figura,

ando como un ciego

adivinando tu próxima sorpresa

y mi nueva desilusión.


Criatura deliciosa y terrible

me hacés tomar el aire de la vida

en caída libre.

Mis reservas de cordura

están húmedas de lágrimas

que me causas

y que a veces te tomo prestado.


Tantas veces he pospuesto

mi despedida

y cada vez

me siento regresando

a pasar una temporada

en el abismo junto a vos.


En solidaridad con los farsantes,

te juro por la perilla de mi puerta

que esta vez

no te dejo entrar.

Y por la ventana va a ser difícil

porque la pienso dejar entreabierta.

Meteorito


Vivir con vos

sería un completo desastre,

aunque no vea otro modo

de alcanzar la felicidad.

La poca, escasa sabiduría

acumulada con los años,

apunta como una brújula perfecta

hacia donde no estés,

mientras mis instantes más lúcidos

te portan como único artículo de fe.


No hay razones ni examen que resistan

mi obstinación para quererte.

No puedo decir nada aceptable

en mi defensa

y tampoco nada memorable en la tuya.


Nos cayó del cielo

un amor extraviado,

un meteorito

con exceso de velocidad

atravesando las capas superiores

hasta quedar atrapado

en dos corazones mediocres.

Coleccionistas


Unos coleccionan

posiciones de poder

y otros estampillas.

Hay quienes coleccionan

experiencias sensuales

o tranquilidades bancarias.

Tampoco es raro coleccionar

trivialidades y alegrías

para olvidarse un poco

de quién es uno.


Yo querida mía

colecciono defectos,

sucumbiendo a miedos y bajezas

que me van tocando en suerte

y me creí inmune alguna vez.


Sobre todo busco coleccionar

momentos de intimidad,

toques delicados

y cercanías inexpresables.

En esto,

vos y yo nos parecemos

al resto del mundo.

En esto,

el resto del mundo

nos tuvo envidia por algún tiempo.

Nada


Cuando cesen las expectativas

nada me dará consuelo.

No tendré el impulso del odio

ni esperanza próxima o remota.


Al día le saldrá el sol

por el mismo lado

pero será un día

desconocido y ajeno,

amnésico,

resignado de deseo.


No aspirar a nada.

No soñar con nada.


Hoy tengo la tristeza

de los que renuncian

a lo que quieren.

Atrapé la voluntad desencajada

de los suicidas

para saber que mañana,

es el primero

del resto de días

sin vos.

Tendré que olvidarte


Tendré que olvidarte

y seguir viviendo

como antes de conocerte.

Pasar debajo de una escalera,

alquilar un gato negro

y confiar en que me caiga

un ladrillo en la cabeza.


Tendré que cambiar

el latido de mi corazón,

comprar perfumes que engañen

el recuerdo de tu aroma

y desacostumbrarme a pensar en vos.

A pensar en vos de cualquier forma

porque todas las formas

siguen reteniendo tu ausencia dolorosa.


Un escudo a prueba tuya,

una lobotomía temporal,

una pérdida irreparable,

un nuevo amor,

¡qué sé yo...!

Algo que desate del lado mío

el nudo que ya no está.


Tendré que olvidarte

y no sé cómo.

Tendré que olvidarte

y seguir viviendo.

Hacia alfa centauro


No fue casualidad hallarnos

saliendo a nuestras galaxias.

Pronto lo olvidaremos todo,

salvo acaso la traza

con que te reconoceré

no importa dónde ni cuándo.


El tejedor de destinos revisó

la galería de mis sucesos,

procurando enhebrar las tramas

en el nuevo mundo

que den más chances a mi factor humano.

Fue inevitable que al llegar a vos

levantara la vista

y con una sonrisa compasiva

me invitara a hablar.


¿Cómo explicarle querida mía

nuestra habilidad para complicar lo simple?

¿Cómo decirle amor mío

nuestras incompatibilidades esenciales?

¿Cómo contarle de nuestro amor

acomodado al uno sin el otro?

Que somos tomadores de riesgos

moderados,

muy moderados.


Pero no necesité contarle

de las noches imprevistas,

desveladas,

con lágrimas calentando mis mejillas.

O los momentos alterados

cuando repito tu nombre

en una plegaria apaciguadora.


Y él sabe que adivino,

que intuyo

nuestro destino remoto.

Que te quiero desde siempre,

desde las primeras horas infructuosas

cuando mi deseo te buscaba.

Que te quiero a pesar de todo,

sin razones,

con las probabilidades en contra,

a como dé lugar,

como el primer día.


Y él también sabe amor mío,

que no deseo esperar otros mil años

para volverte a ver.

Por eso fue compasiva su sonrisa

al oprimir mi botón de largada

hacia alfa centauro.

Te vas


Te vas, te vas

y bien poco me dejás.

Te vas y te vas

y las horas alargan sus suspiros

y las nubes empañan los días

con melancolía.


Te vas sin yo haber domado

tu ausencia todavía.

Te vas inoportuna

sin avisarle a mi indiferencia.

Te vas ligera de deseo

y el mío enlazado a tu cintura.

Te vas asimilando a tu destino

sin yo desprenderme de tu piel.

Te vas llevando mi mirada.


Te vas en avión,

pero a los aviones no les pasa nada

cuando bendigo tu nombre.

Debieras tomar un barco náufrago

que te recueste sobre la arena

y en una botella de ron

enviarme tu nota de rescate.

Un deseo


No me olvidés,

que sos el último rastro

de mi andar por este mundo.

Me desdibujo

fuera de tu corazón y tu memoria.


No me olvidés

como olvidamos a todos los amores.

Grabame junto a los recuerdos

de la infancia,

reservando un espacio para mi sonrisa.


Tenés que aprender

dónde está el sur en tu cama,

para que en la somnolencia del despertar

mi amor no te llegue de costado.

Y apagar las velas soplando con suavidad,

para que el humo contra la noche clara

avise mi presencia.


Y si ves que la cosa se pone difícil,

que a pesar de tu esfuerzo

me vas perdiendo,

frotá una lámpara con aceite y esencias

pidiendo como deseo

mi imposibilidad de olvidarte.

Exploraciones


Recordando a los antiguos,

he invocado a los dioses del Olimpo

y no me han respondido.


Por la vieja Asiria

y el inmemorial Ganges

he retrocedido con idéntico resultado.


No he insistido

con armoniosas formas geométricas

purificando los colores,

o con precisas constelaciones

adornando el firmamento.


No he insistido

en interesarme en este mundo

o aventurar otros más remotos,

con el fervor

que tú me inspiras.


Allá en el Olimpo

lo notan de inmediato.

Lealtad


Ante cada nueva exploración

me detengo a tiempo

sin una vocecita interior

que me controle.


No sé con qué termómetro

mido por anticipado

que aún yéndome muy bien,

no será suficiente.


Hasta pienso

si habré desarrollado

alguna sensibilidad nueva

para no lastimar.


Como de esas bondades mías

repentinas desconfío,

sospecho mas bien

de una lealtad a tu recuerdo,

donde ya nada

parece suficiente.

Una cadena


Ella ya piensa en otro,

yo sigo pensando en ella

y vos pensás en mí.


Vos siempre pensás en mí,

yo todavía la pienso a ella

más que a vos

y ella me piensa a veces. Creo.


Nadie le da instrucciones

al corazón,

pero a tu amor

más límpido y profundo

que el mío,

no lo cambiaría por nada.

Ni por ella.

Andás cerca


No sos la más linda de este planeta

pero andás cerca.

No hay nada en vos que desentone

o te quisiera cambiar.

Y lo digo por los dos,

para que mi superficialidad

entone con tu picardía.


No sos la más brillante del barrio

pero tus pálpitos para lo esencial

me hacen pensar

que cabalgás sobre una escoba.

Además, la sabiduría

no le sentaría nada bien

a tu candor distraído.


No sos la más comprensiva

cuando amanecés con el pié izquierdo,

pero igual te echás al hombro

la bolsa de mis defectos.

Y es una bolsa grande.


No soñás todos mis sueños

ni lográs penetrar

la nostalgia de mis silencios,

pero sos el mejor remedio

para enturbiar mi melancolía

diluyéndola en ternura.


No lográs convertir todos mis días

en una fiesta,

tal vez para que note la diferencia

entre tu ausencia

y el resplandor indiferente que suscito

en mis días de pelota cuadrada.


No sos la mejor compañera

de este mundo

pero a veces creo que andás cerca.


Yo con mis boludeces a cuesta,

siento una dicha inmensa

teniéndote a mi lado.

De otro planeta


Aunque intente explicártelo

no lo creerías.

Y te comprendo,

porque sería como buscar

la corte del Rey Arturo

por los alrededores de Camelot.

Son sólo pequeños detalles

esparcidos en el tiempo.

Como transpirar verde

y quedar la evidencia

en el cuello de mi camisa.

O aquel sobrehueso

que un cirujano descubre

arreglando otra cosa.

O confundir delante con atrás

e izquierda por derecha.

Pequeñas desviaciones

que se encubren mejor

fijando mi origen en las tierras

bien al sur de este planeta.

Sin parientes

directamente conocidos,

ni compañeros de infancia,

ni hora cierta de nacimiento,

ni hospital que lo certifique.


Y te sorprende

que podás perdonarme

lo que en otros no has perdonado

Y te sorprende

seguirme necesitando.

Y te sorprende

verme adorable sin motivo.


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